sábado, 5 de agosto de 2017

Irina, una alumna diferente

En el mes de Mayo recibí una llamada de teléfono  de un conocido, una persona de un pueblo próximo estaba buscando alguien para dar unas clases de español a una rusa, y esta persona que sabía que yo había estudiado algo de ruso pensó que me podía interesar. Le dije que si y me presentó a Irina, nombre falso pues voy a omitir el verdadero. 

  Desde el primer momento tuve la sensación de que Irina había ejercido la prostitución. Le di unas cuantas clases y en alguna ocasión le propuse tomar un té,siempre aceptaba, le pregunté que donde había trabajado en Moscu y me dijo que en un empresa llevando cuestiones administrativas, pero que ganaba poco y lo había dejado; ahora pasaba unos días invitada por un amigo español, pero no parecía muy entusiasmada de vivir en el pueblo. Imagino que el cambio debió ser drástico, de Moscu a un pueblo de 20,000 y algo de habitantes no debía ser fácil. Irina tenía ganas de divertirse pero su amigo español no parecía estar muy por la labor, yo ya lo había visto, y me pareció como muy de pueblo, con escasas pretensiones culturales, ella era algo distinta, había estudiado ballet y había cierta clase en ella, algo innato, aunque seguía pensando que había ejercido la prostitución. 

Y al final me lo confesó, me dijo que entre los 18-20 fue administrativa en una empresa dedicada al reciclaje de papel, pero que era un trabajo monótono y mal remunerado, recibía 650 € al mes por 8 horas de trabajo y en un momento se planteó dejarlo y ejercer como prostituta, tenía una conocida que ya lo hacía y no le iba mal.

A Irina la motivaba el dinero, un dinero fácil y rápido, cobraba entre 40-50 € el servicio, había quien lo hacía por menos, pero ella estimaba que valía más, y el cliente que quería estar con ella tenía que pagarle esa cantidad, sus padres lo sabían y lo llevaban muy mal, pero ella había decidido salir de la "pobreza". En un día podía ganar entre 250-400 € y los fines de semana podía alcanzar la maravillosa cifra de 600/700, no dependía de nadie, tenía una esquina de una calle que se repartían entre su amiga y ella.Su amigo quería retenerla y lo hacia con promesas de matrimonio, pero ella no estaba por la labor de casarse o al menos de casarse con X. Su máxima era la libertad y vivir bien, habia conseguido reunir ya unos 30.000 € y planeaba comprarse un apartamento en Moscu.

Le pregunté con cierta curiosidad como había conocido al español y ya se lo pueden imaginar, también quise saber que tipo de hombres frecuentaban sus servicios, y me dijo que un poco de todo, pero sobre todo entre los 40-60, e incluso tenia un cliente fijo de 76 años, para ella todos eran iguales, les daba igual su aspecto, eso es algo que desde fuera de la profesión cuesta trabajo entender. Las primeras veces fue un poco duro, pero su amiga le dijo que era normal, y que pronto se acostumbraría.

El ultimo día estuvimos tomando una cerveza en un bar próximo a casa, y cuando entramos, todas las miradas convergieron en ella de forma llamativa, la devoraban literalmente, no iba vestida llamativa, excepto en los tacones iguales a los que he puesto en imagen, por lo demás nada especial tampoco llevaba maquillaje, me comentó que ya no se estilaba el ir maquillada, sobre todo en chicas jóvenes, ella tenía 25, pero algo la delató.

Las 50 sombras machistas.

Cuando Erika L Mitchell terminó su manuscrito, se encontró con el dilema que se encuentran muchos autores, que las editoriales por motivo...